domingo, 9 de febrero de 2014

La práctica de la democracia


LA PRÁCTICA DE LA DEMOCRACIA

 

Una democracia entendida a la letra, sólo puede ser una sociedad sin Estado y, se entiende, sin sustitutos o equivalentes del Estado.

 

Giovanni Sartori

 

Javier Brown César

Originalmente publicado en la Revista Bien Común y gobierno. No. 45, agosto de 1998. p. 35-44.
 

Introducción

 

¿Qué es la transición a la democracia? ¿Ha sido México alguna vez un país democrático? ¿Podremos llegar a la democracia? ¿Estamos preparados para ser demócratas convencidos? ¿Basta con que el PRI deje la silla presidencial para que se dé la democracia? ¿Para qué queremos la democracia? Preguntas como estas comienzan a ser cada vez más frecuentes, ya que el tema de la transición a la democracia es uno de los lugares comunes del discurso político del México actual.

 

Muchos hablan de la democracia como un ideal a alcanzar en la forma de gobierno, otros perciben la situación actual como un proceso que media entre un régimen político cerrado y autoritario y un régimen abierto, transparente y democrático. Pero, pocos se preguntan por las posibilidades que tiene la democracia como estilo de vida o práctica. El presente ensayo se concentra en delimitar las condiciones sine qua non de la práctica democrática, proponiendo un modelo.

 

Metodología

 

El tema de la democracia puede estudiarse a partir de diversas perspectivas y en niveles progresivos de complejidad, a saber:

 

1º. Puede estudiarse a la democracia como forma de gobierno pura, y entonces, se puede contraponer la democracia a la oligarquía a la monarquía, a la aristocracia, a la dictadura, etc. A través de esta metodología se obtiene, inicialmente, una concepción de la democracia de carácter negativo: la democracia no es lo que es la monarquía ni lo que es la tiranía, etc.

 

2º. Puede estudiarse la democracia como un ideal de organización política. Para ello, se puede hacer uso de la metodología del análisis histórico, con el fin de analizar las formas como la democracia se ha dado concretamente en diferentes tiempos, para establecer así un ideal de la forma de gobierno democrática. En el caso extremo, puede también prescindirse de la experiencia histórica y plantear el tema de la democracia en términos meramente ideales colindando así con la utopía.

 

3º. Puede también utilizarse el método de la política comparada para confrontar la forma como la democracia opera en diferentes países. Si este estudio se realiza partiendo del tiempo presente, se enfatiza el eje sincrónico del funcionamiento de las democracias (con lo que se estudian los aspectos estructurales); si este estudio  se realiza de manera retrospectiva o prospectiva, entonces se pone el énfasis en el eje diacrónico del funcionamiento de las democracias (lo que exige el uso del método histórico).

 

4º. Finalmente, puede estudiarse la democracia en la forma como opera realmente, sea tomando como ejemplo un Estado en particular, con lo que se realiza un estudio de caso, sea considerando un referente o un ideal de vida democrática, con lo que se plantea el tema de la democracia como forma o estilo de vida.

 

En este trabajo, me concreto a estudiar la democracia en las condiciones de su funcionamiento u operación en la vida de los individuos que conforman el Estado, o sea, en su forma de realización concreta e históricamente condicionada. Con esto, hago uso de la metodología descrita al final del apartado 4º, con el fin de establecer en qué consiste propiamente la práctica de la democracia.

 

Teoría y praxis

 

Podemos concebir a la democracia formalmente, como ideal de gobierno al que se vinculan conceptos como pluralismo, tolerancia, alternancia en el poder. Estos son propiamente los elementos constitutivos del discurso de la teoría de la democracia. Pero la democracia no sólo puede ser concebida como forma de gobierno, sino también como una práctica política. En tanto que praxis, la democracia se constituye en un estilo de vida, en una constante en la vida diaria de las personas.

 

Cierto es que toda praxis requiere una fundamentación que tenga como referente un discurso teórico: la vinculación entre teoría y praxis es ineludible, so pena de llegar a una actuación voluntariosa y caótica con un alto contenido de irracionalidad.

 

En el presente trabajo, los elementos teóricos de la democracia son concebidos como ejes, principios rectores o premisas de la praxis democrática. En la determinación de estos ejes o vectores, he buscado la mayor proximidad con aspectos pragmáticos, para hacer de la democracia no tanto un ideal como un estilo de vida. De esta manera, los constitutivos de la praxis democrática considerados en este trabajo son principios de carácter operativo.

 

Estos ejes, vectores o constitutivos de la praxis no son excluyentes de otras dimensiones de la vida democrática, sino más bien la complementan. Además, se interrelacionan estrechamente entre sí, de tal manera que unos pueden condicionar a otros. La premisa de este trabajo es que la democracia deviene una realidad cuando las premisas fundamentales de los ejes se realizan en la vida diaria de cada ciudadano.

 

Los constitutivos de la praxis democrática

 

Para estudiar a la democracia en su forma de operar, es conveniente partir de los elementos constitutivos de la praxis democrática. Estos elementos pueden concebirse como variables de la práctica democrática, así como principios rectores, premisas  o como ejes de la práctica democrática.

 

1. Educación para la vida democrática

 

La premisa de esta variable es: la democracia, como forma de vida, se puede aprender. Pero este aprendizaje no debe entenderse en términos de comprender una teoría, sino de aprender un estilo de vida.

 

El proceso de enseñanza-aprendizaje de la praxis democrática debe comenzar, idealmente, desde la infancia: la familia y la escuela deben ser las primeras instancias (la familia como institución natural, la escuela como institución artificial) donde se dé el proceso pedagógico para la democratización de la vida cotidiana. Tratar de enseñar a practica la democracia, cuando ya se está en las altas esferas del poder público es el error más común de nuestros sistemas “democráticos”: se piensa que el líder político puede aprender la democracia en cualquier momento de su vida, pero con esto se olvida que un medio antidemocrático o no-democrático, difícilmente produce demócratas convencidos, y menos aún, practicantes de la democracia; tratar de enseñar la democracia a un adulto que no ha aprendido la democracia en la infancia y en la escuela, equivale a tratar de enderezar el árbol torcido.

 

Pero, ¿cómo se debe aprender la práctica de la democracia, tanto en la familia como en la escuela? Inicialmente, podemos decir en qué no consiste la enseñanza de un estilo de vida democrático: no consiste en la reproducción incuestionada o acrítica de relaciones de dominación-sometimiento; tampoco en la introyección de ideologías que tienden a perpetuar la represión o el pensamiento unidimensional o monista (esta es la razón por la que Cuba no es un país democrático, debido a que su sistema educativo reproduce una ideología unidimensional y monista -la marxista-leninista en su versión maoísta-, sin cuestionarla, y obliga a todos a repetir los mismos dogmas, pero no les enseña a cuestionarlos); tampoco consiste en el aprendizaje de hábitos que lleven a la obediencia incondicional de las personas para con una autoridad abstracta (en este sentido, la sumisión y dependencia hacia los padres, cuando media una práctica del poder familiar autoritaria, lleva a la posterior transferencia de sumisiones y dependencias a gobiernos e instituciones).

 

La educación para la vida democrática consiste en un proceso de enseñanza-aprendizaje que tiende a fomentar los valores de una cultura democrática. Las subvariables de este proceso son:

 

a) Enfasis en la responsabilidad individual. Los valores democráticos se afianzan en la afirmación de la capacidad individual para responder a las múltiples demandas que plantea una convivencia democrática. Bajo la democracia, la responsabilidad no es transferible, más bien debe ser asumida y vivida de manera personal. Bajo un régimen donde el orden jurídico garantiza la vigencia de los derechos y la exigencia de deberes correlativos, el individuo tiene el deber de responder ante otros individuos y el derecho de que otros respondan ante él.

 

b) Enfasis en la participación. La vida democrática exige y reclama la participación, apelando así a la consciencia y a la responsabilidad individual. Mediante la participación, se comparte una vida en común, o un proyecto; a su vez, se asume un papel en los asuntos públicos y se adquiere un compromiso con la sociedad.

 

c) El desarrollo del pensamiento crítico-propositivo. En los regímenes totalitarios, se tolera un mínimo razonable de oposición y crítica, sobre todo con el fin de legitimar al ejercicio poder público. Bajo los regímenes democráticos la oposición y la crítica se aceptan, ya no como mínimos razonables, sino como necesidades racionales del sistema político. Mediante la crítica, el sistema recibe retroalimentación sobre sus actuaciones; de tal manera que, en lugar de reprimirse, se fomenta como una necesidad. Esto implica que el sistema democrático puede presentar desviaciones (porque es una forma de convivencia frágil, además de ser un accidente histórico)  y que la oposición y la crítica fundamentadas racionalmente se desarrollan libremente como mecanismos correctivos y no sólo como instrumentos de legitimación del poder público. La crítica-propositiva detecta las fallas del sistema y señala las medidas tendientes a su corrección.

 

El primer momento es pues el de la crítica, la cual implica en primer lugar, criterio y, en cierto sentido, también limitación, ya que la crítica señala los límites de lo que se puede hacerse y de lo que puede decirse; el segundo momento, es el de la construcción y constitución de la voluntad colectiva, a través de la propuesta, su enunciación y puesta en práctica. 

 

d) El desarrollo de una visión plural de la realidad. La práctica de la democracia exige individuos con amplitud de visión, con un pensamiento multidimensional, plural y perspectivista. Más allá de la tolerancia, debe hablarse de diversidad y de distinción, como oportunidades para el enriquecimiento mediante el diálogo y la interacción. La visión plural de la realidad funciona bajo premisas diferentes a la de la tolerancia: la pluralidad ideológica es aceptada y fomentada como una oportunidad para la interacción, más no es tolerada; por lo general, cuando se tolera, existe alguna resistencia y por ello no puede haber aceptación plena. Los conceptos claves de la apertura ideológica no son, como en el caso de la tolerancia, la adaptación y la supervivencia, sino la aceptación y la convivencia. La sociedad democrática debe ser ideológicamente plural.

 

e) El desarrollo y fomento de las capacidades de diálogo. El diálogo se da cuando reconozco al otro como sujeto y me abro a él a través de la acción comunicativa. El diálogo presupone la mediatez, pero también el reconocimiento. En el diálogo democrático se privilegia el espacio para el discurso crítico y opositor, ya que, la democracia no se realiza como fin de la historia, sino como parte de un proceso que puede tener como término otra forma de gobierno, siendo la democracia sólo un estadio intermedio. El ideal del fin de la historia con la realización plena de la democracia a nivel mundial está más cerca del mesianismo marxista que de las exigencias de la realidad históricamente condicionada.

 

f) El aprendizaje de la civilidad. La civilidad implica la capacidad de convivencia con otras personas al interior de la organización política. Tiene su fundamento en el respeto a las leyes e instituciones y su referente en las tradiciones, usos y costumbres. No obstante, el referente necesario a tradiciones, usos y costumbres no debe interpretarse en términos de negación de otras culturas, sino más bien en términos de aprecio a otras culturas, bajo la premisa de un pensamiento plural y multidimensional.

 

g) El énfasis en la libertad individual. En la democracia, sólo quien es verdaderamente libre puede hacerse responsable de sus acciones. La libertad, como condición de la democracia implica el crear una amplia gama de opciones y un espacio político donde estas opciones sean garantizadas. Así, el sujeto libre puede optar entre diferentes formas o estilos de vida y no se encuentra necesariamente predeterminado o programado para cumplir un destino que se le impone como dado e irrenunciable. Libertad implica capacidad para definir autónomamente un proyecto de vida, para encontrar la misión personal de la vida y llevarla a cabo en un espacio político que facilita la realización de proyectos y que da múltiples alternativas de acción.

 

La libertad implica también que el pensamiento y las creencias pueden y deben ser diversas. Así, el Estado no predica ideología alguna, ni utiliza a la escuela como agente de propaganda partidista o clasista; tampoco profesa doctrina, religión o credo alguno. Por ello, la libertad de expresión, así como la de elección política son necesarias.

 

2. Minimización de la marginación

 

La marginación es una situación que afecta de manera profunda la vida de las personas y las lleva a vivir en las “orillas” de las estructuras sociales, políticas y económicas; el marginado se encuentra desplazado de éstas e imposibilitado para integrarse a ellas de manera plena. La forma inicial como se manifiesta la marginación, en las sociedades capitalistas, es a través de la reducción de posibilidades de acceso a los bienes económicos. No obstante, la marginación presenta dimensiones que trascienden el ámbito económico, llegando a afectar los ámbitos culturales, educativos y políticos.

 

Las diferentes formas de marginación se interrelacionan estrechamente entre sí y se retroalimentan mutuamente, provocando un círculo vicioso del que es difícil salir y que es comúnmente percibido como “cinturón de pobreza”. La situación de marginalidad plantea para los individuos inmersos en ella, la difícil opción entre elegir la supervivencia o mayores posibilidades de desarrollo. El costo de oportunidad que significa un mayor desarrollo es tan grande que la situación de marginalidad tiende a conservarse y a transmitirse generacionalmente. El acceso a los bienes generados por los mercados es sumamente restringido, de tal manera que incluso ciertos tipos de alimentos e incluso el vestido y la vivienda llegan a ser percibidos, por el marginado, como bienes suntuarios. La urgencia del marginado es la obtención de un mínimum de recursos para poder subsistir, de tal manera que la subsistencia es su lucha diaria y casi siempre, su único proyecto de vida.

 

Las evidencias extrínsecas de la marginación son: la desnutrición, el analfabetismo, problemas de salud e incluso problemas mentales, fatiga, debilidad emocional, etc. Pero la condición interna de la marginación implica que el proyecto de vida personal vea reducidos sus plazos a la inmediatez del momento actual, por lo que lejos de poder proyectar una vida a futuro, el marginado debe priorizar la necesidad de proyectar el alimento diario.

 

Al existir tan grandes carencias en cuanto a las necesidades básicas de subsistencia, se pierden de vista bienes de naturaleza superior como la educación y la cultura, dificultándose también la acción política y la participación. De esta manera, la preservación de condiciones de marginalidad presenta un fin instrumental para los gobiernos autoritarios: mediante la reproducción generacional de la marginación se garantiza la existencia de una población que fácilmente puede masificarse, someterse, homogeneizarse y predecirse, además de ser fácil sujeto para la introyección de ideologías y para la manipulación orientada hacia los fines de preservación del sistema (por ejemplo, el acarreo o la compra de votos), y de transmisión generacional de un régimen represivo y opresivo. La situación existencial de marginación es una premisa de la forma de dominación totalitaria.

 

La minimización de la marginación, como variable de la práctica de la democracia, implica no tanto su anulación (lo que parece utópico), como la no tolerancia, por parte de gobierno, instituciones y sociedad civil, de condiciones de marginación extrema. El ideal de la minimización de la marginación consistiría en transformar la situación de marginación extrema en media y de marginación media en baja, tendiendo en todos los casos a lograr que si existen marginados, su situación pueda definirse como de baja marginación, habiéndose, por consiguiente, eliminado las condiciones de extrema y media marginación

 

3. Relativa inmediatez en las relaciones gobierno-gobernados

 

En esta variable hablo de inmediatez relativa, ya que la inmediatez absoluta parece, por el momento, imposible de lograr. En toda relación gobierno-sociedad civil encontramos una instancia mediatizadora, sea una institución dependiente del poder público, sea una institución dependiente de la sociedad civil, sea un órgano, representativo de parte de los intereses de la sociedad civil como el partido político, etc.

 

La idea clave que se encuentra detrás de la relativa inmediatez es representatividad. En la medida en que los diferentes niveles o instancias gubernamentales se vinculan activamente con la sociedad civil en razón de relaciones de proximidad, comunicación, diálogo y consenso, podemos hablar de mayor inmediatez. En cuanto a la representatividad, esta se da cuando el gobierno actúa de acuerdo a demandas socialmente consensadas a través del diálogo al interior de la misma sociedad. Estas demandas conducen a decisiones estratégicas o tácticas, de carácter operativo.

 

La representatividad demanda una sociedad analítica, con capacidad para percibir los problemas reales que le aquejan; también, exige una sociedad participativa, dispuesta a intervenir en ejercicios de diálogo y consenso, y propopositiva, dispuesta a plantear alternativas a la actuación del gobierno. Por el lado de los niveles de gobierno, la representatividad se expresa en la pluralidad y en la relación relativamente inmediata entre funcionarios públicos y ciudadanos. Bajo esta premisa, los poderes públicos actuarán en beneficio de una base social amplia y no de una élite reducida: el Poder Legislativo será una expresión de la pluralidad social y un catalizador de las demandas sociales a través de la relación directa con los electores; el Poder Judicial será una instancia de impartición y procuración expeditas de justicia que atienda a los intereses agraviados y no a los intereses de infractores y grupos de poder; y el Poder Ejecutivo deberá gobernar idealmente para la mayoría de la población y no sólo para favorecer los intereses de un partido político, o de facciones o élites. 

 

Las instancias mediatizadoras del gobierno no pueden ni deben desaparecer, pero su cantidad no debe abrumar a la sociedad y su relación con la ciudadanía debería realizarse, idealmente, a través de instancias mediatizadoras que tengan su origen en la misma sociedad civil. Una analogía puede resultar útil para expresar la concepción de la relativa inmediatez en las relaciones gobierno sociedad civil: en los mercados de bienes y servicios, a mayor número de intermediarios entre el productor y el consumidor final, mayor es el precio final que se tiene que pagar y mayor la brecha entre el costo de producción y el precio final del producto en el mercado. Lo mismo pasa en la vida política: los costos de la intermediación se traducen en términos económicos y se cobran a la población mediante impuestos directos o indirectos. Es el ciudadano el que finalmente paga cada instancia de intermediación creada por el gobierno, para alejarse del contacto directo con la ciudadanía.

 

Los costos políticos de la intermediación repercuten en diferentes ámbitos de la vida pública. El efecto inmediato es el crecimiento del aparato público y de la burocracia gubernamental; los efectos mediatos son: la lentitud en la realización de los trámites, la sobre reglamentación, el papeleo excesivo, el conformismo del empleado público, la inadecuación de los procesos jurídicos, la falta de medios adecuados para resolver diferencias y conflictos, la dificultad para asimilar nuevas tecnologías, el bloqueo de las ideas creativas e innovadoras, la rutinización de las tareas y el tedio, etc.

 

4. Relativo dinamismo en el ejercicio del poder público

 

Last but not least, tenemos la última variable considerada en este trabajo y la más difícil de caracterizar. Nuevamente, como en el caso de la inmediatez, el dinamismo tampoco puede ser absoluto: por principio de cuentas, no sólo es necesario que las leyes tengan una cierta estabilidad porque si las leyes pudieran cambiarse fácilmente perderían fuerza, sino que también es necesario que los funcionarios públicos tengan experiencia de gobierno, y esto no puede lograrse si la estructura del poder público está siempre cambiando.

 

Las subvariables que pueden comprenderse bajo el término relativo dinamismo en el ejercicio del poder público son:

 

a) La pluralidad ideológica. Diversas corrientes de pensamiento, diversas ideologías, pueden estar representadas en los órganos públicos. A través de esta pluralidad ideológica, el debate político se enriquece, pero también se pueden enfrentar diferentes concepciones de lo que debe ser el orden político, económico y social.

 

b) El que diversas partes de la sociedad puedan acceder al ejercicio de las funciones públicas. Esto es lo que se ha llamado alternancia en el poder. La alternancia en el poder exige la existencia de un sistema de partidos y de reglas claras para la competencia electoral.

 

c) La relativa movilidad de las élites. Cuando el poder político es monopolizado por una parte de la sociedad, o por una ideología dominante, tiende a perder su dinamismo, y se anquilosa y desgasta. De ahí la necesidad de un poder donde la sucesión se garantice a través de mecanismos que permitan incorporar a nuevos personajes a la vida pública.

 

Aspectos teóricos

 

Los diferentes constitutivos de la praxis democrática pueden operacionalizarse y formalizarse. Esto es, cada uno de estos elementos constitutivos pueden considerarse como variables de una ecuación: cada una de las variables con sus respectivas subvariables, puede ser traducida en términos cuantitativos, estableciendo así un índice de democracia. El problema de la traducción en términos cuantitativos de variables eminentemente cualitativas es grande, pero no implica la imposibilidad de realizarlo.

 

Por lo pronto, pueden definirse las siguientes funciones fundamentales:

 

1ª. A mayor educación para la vida democrática, mayor democracia, y viceversa.

 

2ª. A menor marginación económica, política y social mayor democracia, y viceversa.

 

3ª. Entre menos sean las instancias que median entre gobernados y gobernantes, mayor democracia, y viceversa.

 

4ª. Entre más dinámico sea el ejercicio del poder público, mayor democracia y viceversa.

 

Finalmente, las diferentes variables pueden ponerse en una ecuación que las sintetice:

 

A mayor educación para la vida democrática; menor marginación económica, política y social; menores instancias de mediación gobernantes-gobernados; y mayor dinamismo en el ejercicio del poder público, mayor democracia.

 

Las variables de esta ecuación pueden representarse con letras, a su vez, cada una de las grandes variables tiene sus propias sub-variables que deben considerarse en la ecuación. La formalización y la cuantificación son posibles, pero es importante tomar en cuenta que toda traducción de aspectos cualitativos en cuantitativos, (sobre todo, cuando el tema es la política), debe ser desarrollada con rigor metodológico e interpretada con ciertas reservas:

 

1ª. El resultado final de la ecuación refleja, sólo una tendencia: no se refiere a los casos concretos, sólo al comportamiento general del universo, 

 

2ª. La práctica de la democracia está siempre referida a los individuos actuantes en un momento dado, por lo que el estudio de la democracia en operación es siempre dinámico y permanente; esto es, la práctica de la democracia es frágil y por ello, puede haber variaciones en cuanto al índice de la democracia para un mismo país en diferentes momentos de su desarrollo democrático.

 

Finalmente, es difícil que exista una sociedad plenamente democrática, por ello y para fortuna de nosotros, la democracia y su práctica son siempre perfectibles; además quién puede negar que quizá, la democracia, sea sólo una forma de gobierno intermedia hacia otra forma, más perfecta, que tal vez pueda gestarse en el milenio venidero.

 

Breves indicaciones sobre el caso de México

 

Resultaría interesante aplicar el modelo propuesto para estudiar el caso de México, pero la falta de espacio hace imposible realizar este estudio a profundidad. Basten sólo unas breves indicaciones.

 

Después de casi 70 años bajo un régimen político autoritario, paternalista y patrimonialista, México y los mexicanos hemos sentido los efectos adversos e inerciales del régimen, sobre los constitutivos de la práctica de la democracia.

 

La situación actual de México es preocupante en cuanto a la vigencia de una vida democrática:

 

1º. Bajo el sistema político autoritario, las variables de la educación para la vida democrática son invertidas por el sistema educativo, el cual sirve principalmente para reproducir esquemas de dominación-sometimiento, idolatría, mitos y fanatismos.

 

Bajo los gobiernos paternalistas, la responsabilidad individual se ha transformado en irresponsabilidad hacia la colectividad y hacia el otro, en oportunismo, búsqueda del éxito fácil, corrupción e ineficiencia. A su vez la participación se ha transferido libidinalmente a entes o eventos de carácter colectivo, y a figuras carismáticas promovidas desde las estructuras del poder (político o económico).

 

La crítica es utilizada para legitimar al sistema; la oposición es avasallada, comprada o aniquilada; el pensamiento se hace uniforme y los líderes de opinión reinciden en lugares comunes de un discurso que tiende a suprimir las diferencias y a anular las contradicciones.

 

El diálogo se transforma en chisme o monólogo; el chisme permite un cierto tipo de diálogo, pero vacío de contenido, el cual versa sobre las vidas de otros y transmite opiniones en detrimento de la búsqueda de certezas. El monólogo se da sobre todo al nivel de la opinión pública: los funcionarios practican la apología de sí mismos y de su partido; los periodistas le hablan a un ciudadano ideal o tipo en términos de lo que ellos quieren decir y no en términos de lo que el ciudadano real necesita saber.

 

La libertad funciona como una especie de concepto vacío, que se ha traducido en libertad de creencias, de adoración, de compra o en una vida sin coacción física; pero no se define la libertad como amplitud de opciones, como gama de posibilidades ofrecidas por el espacio público.

 

La virtud de religión y el culto interno se transfiguran en fanatismo, apego a los ídolos y al culto externo; pero también se convierten en purificación y liberación de culpas que garantizan la irresponsable reincidencia.

 

2º. Durante la administración patrimonialista (basada en el control sectorial) y “feudal” (basada en el control territorial) del presidente Zedillo, la marginación, lejos de disminuir, ha aumentado de manera considerable, sobre todo la así llamada marginación extrema. La brecha que existe entre ricos y pobres ha aumentado significativamente. De esta manera, la marginación económica dispara otras formas de marginación, baste con mencionar la marginación educativa y cultural.

 

Con toda claridad puede reconocerse en México una educación para élites y una educación para marginados, una cultura de élites y una cultura popular. La educación para las élites tiene como fin preparar a los futuros empresarios y funcionarios públicos y a los ideólogos y científicos que sirven como instrumentos de las altas esferas (instrumentos porque sirven a los fines de mantenimiento de las élites a través de la manipulación de las masas); la educación para marginados tiene como fin preparar a los mandos medios y operativos, a hombres y mujeres que serán sacrificados en las líneas de ensamblado de las maquiladoras.

 

La cultura para las élites, pese a tomar algo de lo mejor de la cultura occidental, es superficial en sus contenidos, reproduce conceptos, pero los vacía de connotación, y busca el ideal pragmático de la dominación: reproduce orientaciones artísticas superficiales y mal asimiladas; la cultura popular introyecta falsos ideales, ideologías baratas y figuras míticas y carismáticas (la estrella de televisión, el cantante, la modelo; todos ellos, variaciones del tema del fetiche).

 

3º. Después de décadas de una concepción patrimonialista del poder público, que implica que los órganos del gobierno funcionen como una especie de agencia de colocaciones y empleos para el PRI, el Gobierno Federal ha comenzado a cerrar algunas de estas “agencias”, a través de mecanismos poco claros de licitación; pero mantiene todavía un aparato estatal que es de dimensiones colosales, plagado de funcionarios ineptos, los cuales han llegado a los cargos públicos más por el favor y la lealtad, que por la competencia y la calidad.

 

4º. Después de décadas de un régimen que ha reprimido sistemáticamente a la oposición política, la situación ha comenzado a cambiar, gradualmente: las reglas de la competencia se han depurado, a raíz de las reformas realizadas a nuestro Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, pero aun falta un verdadero sistema de partidos en el que el PRI se transforme en un partido político real, dejando de ser así un partido de Estado.

 

Conclusión

 

Se ha difundido la falsa idea de que cuando algún partido político diferente al PRI gane la presidencia, entonces habremos llegado a la democracia; la consigna retórica que está detrás de este argumento es: sacar al PRI de Los Pinos. Pero con esto sólo se atiende a una de las variables consideradas en este trabajo: el dinamismo relativo del poder público.

 

La realización aislada, aunque plena, de cualquiera de las variables descritas no es condición suficiente y necesaria para que podamos hablar de una democracia. La democracia, bajo la hipótesis de este trabajo, sólo se da cuando las variables descritas se realizan de manera interrelacionada.

 

Por ello, el primer gobierno opositor deberá funcionar como un gobierno de transición, capaz de crear las condiciones para que la práctica de la democracia se dé. Una de las primeras tareas a emprender será la reforma del sistema educativo con la respectiva explicitación, en el Artículo 3º Constitucional, de qué debe entenderse por educación para la democracia. Ciertamente la educación es uno de los grandes problemas de nuestro país, pero no es el único. Tampoco puede afirmarse inequívocamente que la reforma en el sistema educativo baste para garantizar por sí misma la democracia, si no se dan las restantes variables contempladas en este trabajo. A través de la reforma educativa puede garantizarse una base mínima que permita conformar un orden cultural que tenga como fin la vida democrática plena.

 

En segundo lugar, será necesaria una reforma del sistema económico, tendiente a una redistribución de la riqueza que ataque la marginación alta en sus causas. No basta con paliar las situaciones de marginación extrema, es necesario ante todo romper con los círculos viciosos de transmisión generacional de la pobreza. Minimizando la marginación podrá lograrse un orden económico que tenga como fin garantizar condiciones de vida digna mínimas para que sectores amplios de la población puedan trascender la visión de corto plazo que implica la mera supervivencia y logren así el acceso a bienes primarios para ampliar sus horizontes y acceder a bienes de naturaleza superior.

 

En tercer lugar, será necesaria una nueva forma de relación entre gobernantes y gobernados que tienda al fortalecimiento de la sociedad civil. En este aspecto parece ser necesaria una reducción del aparato gubernamental, con el fin de que la carga que representa para la población no sea tan grande como lo es en la actualidad. De esta forma, puede garantizarse la base para un nuevo orden político y para un nuevo orden de convivencia social.

 

Finalmente, es necesario reformar las estructuras gubernamentales, con el fin de crear un nuevo orden político representativo de los intereses sociales y con poderes públicos que sirvan a la población, en lugar de servirse de ellas.

 

Aunque no hemos creado más que la última de las condiciones de la vida democrática, esto no quiere decir que no tengamos aspiraciones o vocación democráticas. En definitiva, la única forma de ser demócratas es practicando la democracia en la familia, en la escuela, en el barrio y la colonia, etc. México puede ser una Nación democrática si todos trabajamos en este sentido. Este es nuestro reto histórico.

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