LA PRÁCTICA DE LA DEMOCRACIA
Una
democracia entendida a la letra, sólo puede ser una sociedad sin Estado y, se
entiende, sin sustitutos o equivalentes del Estado.
Giovanni
Sartori
Javier Brown
César
Originalmente publicado en la Revista Bien Común y gobierno. No. 45, agosto de 1998. p. 35-44.
Introducción
¿Qué es la
transición a la democracia? ¿Ha sido México alguna vez un país democrático?
¿Podremos llegar a la democracia? ¿Estamos preparados para ser demócratas
convencidos? ¿Basta con que el PRI deje la silla presidencial para que se dé la
democracia? ¿Para qué queremos la democracia? Preguntas como estas comienzan a
ser cada vez más frecuentes, ya que el tema de la transición a la democracia es
uno de los lugares comunes del discurso político del México actual.
Muchos hablan
de la democracia como un ideal a alcanzar en la forma de gobierno, otros
perciben la situación actual como un proceso que media entre un régimen
político cerrado y autoritario y un régimen abierto, transparente y
democrático. Pero, pocos se preguntan por las posibilidades que tiene la
democracia como estilo de vida o práctica. El presente ensayo se concentra en
delimitar las condiciones sine qua non
de la práctica democrática, proponiendo un modelo.
Metodología
El tema de la
democracia puede estudiarse a partir de diversas perspectivas y en niveles
progresivos de complejidad, a saber:
1º. Puede
estudiarse a la democracia como forma de gobierno pura, y entonces, se puede
contraponer la democracia a la oligarquía a la monarquía, a la aristocracia, a
la dictadura, etc. A través de esta metodología se obtiene, inicialmente, una
concepción de la democracia de carácter negativo: la democracia no es lo que es
la monarquía ni lo que es la tiranía, etc.
2º. Puede
estudiarse la democracia como un ideal de organización política. Para ello, se
puede hacer uso de la metodología del análisis histórico, con el fin de
analizar las formas como la democracia se ha dado concretamente en diferentes
tiempos, para establecer así un ideal de la forma de gobierno democrática. En
el caso extremo, puede también prescindirse de la experiencia histórica y
plantear el tema de la democracia en términos meramente ideales colindando así
con la utopía.
3º. Puede
también utilizarse el método de la política comparada para confrontar la forma
como la democracia opera en diferentes países. Si este estudio se realiza
partiendo del tiempo presente, se enfatiza el eje sincrónico del funcionamiento
de las democracias (con lo que se estudian los aspectos estructurales); si este
estudio se realiza de manera
retrospectiva o prospectiva, entonces se pone el énfasis en el eje diacrónico
del funcionamiento de las democracias (lo que exige el uso del método
histórico).
4º. Finalmente,
puede estudiarse la democracia en la forma como opera realmente, sea tomando
como ejemplo un Estado en particular, con lo que se realiza un estudio de caso,
sea considerando un referente o un ideal de vida democrática, con lo que se
plantea el tema de la democracia como forma o estilo de vida.
En este
trabajo, me concreto a estudiar la democracia en las condiciones de su
funcionamiento u operación en la vida de los individuos que conforman el
Estado, o sea, en su forma de realización concreta e históricamente
condicionada. Con esto, hago uso de la metodología descrita al final del
apartado 4º, con el fin de establecer en qué consiste propiamente la práctica
de la democracia.
Teoría y praxis
Podemos
concebir a la democracia formalmente, como ideal de gobierno al que se vinculan
conceptos como pluralismo, tolerancia, alternancia en el poder. Estos son
propiamente los elementos constitutivos del discurso de la teoría de la
democracia. Pero la democracia no sólo puede ser concebida como forma de
gobierno, sino también como una práctica política. En tanto que praxis, la
democracia se constituye en un estilo de vida, en una constante en la vida
diaria de las personas.
Cierto es que
toda praxis requiere una fundamentación que tenga como referente un discurso
teórico: la vinculación entre teoría y praxis es ineludible, so pena de llegar
a una actuación voluntariosa y caótica con un alto contenido de irracionalidad.
En el presente
trabajo, los elementos teóricos de la democracia son concebidos como ejes,
principios rectores o premisas de la praxis democrática. En la determinación de
estos ejes o vectores, he buscado la mayor proximidad con aspectos pragmáticos,
para hacer de la democracia no tanto un ideal como un estilo de vida. De esta
manera, los constitutivos de la praxis democrática considerados en este trabajo
son principios de carácter operativo.
Estos ejes,
vectores o constitutivos de la praxis no son excluyentes de otras dimensiones
de la vida democrática, sino más bien la complementan. Además, se
interrelacionan estrechamente entre sí, de tal manera que unos pueden
condicionar a otros. La premisa de este trabajo es que la democracia deviene
una realidad cuando las premisas fundamentales de los ejes se realizan en la
vida diaria de cada ciudadano.
Los constitutivos de la praxis democrática
Para estudiar a
la democracia en su forma de operar, es conveniente partir de los elementos
constitutivos de la praxis democrática. Estos elementos pueden concebirse como
variables de la práctica democrática, así como principios rectores, premisas o como ejes de la práctica democrática.
1. Educación para la vida democrática
La premisa de
esta variable es: la democracia, como forma de vida, se puede aprender. Pero
este aprendizaje no debe entenderse en términos de comprender una teoría, sino
de aprender un estilo de vida.
El proceso de
enseñanza-aprendizaje de la praxis democrática debe comenzar, idealmente, desde
la infancia: la familia y la escuela deben ser las primeras instancias (la
familia como institución natural, la escuela como institución artificial) donde
se dé el proceso pedagógico para la democratización de la vida cotidiana. Tratar
de enseñar a practica la democracia, cuando ya se está en las altas esferas del
poder público es el error más común de nuestros sistemas “democráticos”: se
piensa que el líder político puede aprender la democracia en cualquier momento
de su vida, pero con esto se olvida que un medio antidemocrático o
no-democrático, difícilmente produce demócratas convencidos, y menos aún,
practicantes de la democracia; tratar de enseñar la democracia a un adulto que
no ha aprendido la democracia en la infancia y en la escuela, equivale a tratar
de enderezar el árbol torcido.
Pero, ¿cómo se
debe aprender la práctica de la democracia, tanto en la familia como en la
escuela? Inicialmente, podemos decir en qué no consiste la enseñanza de un
estilo de vida democrático: no consiste en la reproducción incuestionada o
acrítica de relaciones de dominación-sometimiento; tampoco en la introyección
de ideologías que tienden a perpetuar la represión o el pensamiento
unidimensional o monista (esta es la razón por la que Cuba no es un país
democrático, debido a que su sistema educativo reproduce una ideología
unidimensional y monista -la marxista-leninista en su versión maoísta-, sin
cuestionarla, y obliga a todos a repetir los mismos dogmas, pero no les enseña
a cuestionarlos); tampoco consiste en el aprendizaje de hábitos que lleven a la
obediencia incondicional de las personas para con una autoridad abstracta (en
este sentido, la sumisión y dependencia hacia los padres, cuando media una
práctica del poder familiar autoritaria, lleva a la posterior transferencia de
sumisiones y dependencias a gobiernos e instituciones).
La educación
para la vida democrática consiste en un proceso de enseñanza-aprendizaje que
tiende a fomentar los valores de una cultura democrática. Las subvariables de
este proceso son:
a) Enfasis en la responsabilidad individual. Los valores
democráticos se afianzan en la afirmación de la capacidad individual para
responder a las múltiples demandas que plantea una convivencia democrática.
Bajo la democracia, la responsabilidad no es transferible, más bien debe ser
asumida y vivida de manera personal. Bajo un régimen donde el orden jurídico
garantiza la vigencia de los derechos y la exigencia de deberes correlativos,
el individuo tiene el deber de responder ante otros individuos y el derecho de
que otros respondan ante él.
b) Enfasis en la participación. La vida
democrática exige y reclama la participación, apelando así a la consciencia y a
la responsabilidad individual. Mediante la participación, se comparte una vida
en común, o un proyecto; a su vez, se asume un papel en los asuntos públicos y
se adquiere un compromiso con la sociedad.
c) El desarrollo del pensamiento crítico-propositivo. En los
regímenes totalitarios, se tolera un mínimo razonable de oposición y crítica,
sobre todo con el fin de legitimar al ejercicio poder público. Bajo los
regímenes democráticos la oposición y la crítica se aceptan, ya no como mínimos
razonables, sino como necesidades racionales del sistema político. Mediante la
crítica, el sistema recibe retroalimentación sobre sus actuaciones; de tal
manera que, en lugar de reprimirse, se fomenta como una necesidad. Esto implica
que el sistema democrático puede presentar desviaciones (porque es una forma de
convivencia frágil, además de ser un accidente histórico) y que la oposición y la crítica fundamentadas
racionalmente se desarrollan libremente como mecanismos correctivos y no sólo
como instrumentos de legitimación del poder público. La crítica-propositiva
detecta las fallas del sistema y señala las medidas tendientes a su corrección.
El primer
momento es pues el de la crítica, la cual implica en primer lugar, criterio y,
en cierto sentido, también limitación, ya que la crítica señala los límites de
lo que se puede hacerse y de lo que puede decirse; el segundo momento, es el de
la construcción y constitución de la voluntad colectiva, a través de la
propuesta, su enunciación y puesta en práctica.
d) El desarrollo de una visión plural de la realidad. La práctica
de la democracia exige individuos con amplitud de visión, con un pensamiento
multidimensional, plural y perspectivista. Más allá de la tolerancia, debe
hablarse de diversidad y de distinción, como oportunidades para el
enriquecimiento mediante el diálogo y la interacción. La visión plural de la
realidad funciona bajo premisas diferentes a la de la tolerancia: la pluralidad
ideológica es aceptada y fomentada como una oportunidad para la interacción,
más no es tolerada; por lo general, cuando se tolera, existe alguna resistencia
y por ello no puede haber aceptación plena. Los conceptos claves de la apertura
ideológica no son, como en el caso de la tolerancia, la adaptación y la
supervivencia, sino la aceptación y la convivencia. La sociedad democrática
debe ser ideológicamente plural.
e) El desarrollo y fomento de las capacidades de
diálogo. El diálogo se da cuando reconozco al otro como sujeto y me abro a él
a través de la acción comunicativa. El diálogo presupone la mediatez, pero
también el reconocimiento. En el diálogo democrático se privilegia el espacio
para el discurso crítico y opositor, ya que, la democracia no se realiza como
fin de la historia, sino como parte de un proceso que puede tener como término
otra forma de gobierno, siendo la democracia sólo un estadio intermedio. El
ideal del fin de la historia con la realización plena de la democracia a nivel
mundial está más cerca del mesianismo marxista que de las exigencias de la
realidad históricamente condicionada.
f) El aprendizaje de la civilidad. La civilidad
implica la capacidad de convivencia con otras personas al interior de la
organización política. Tiene su fundamento en el respeto a las leyes e
instituciones y su referente en las tradiciones, usos y costumbres. No
obstante, el referente necesario a tradiciones, usos y costumbres no debe
interpretarse en términos de negación de otras culturas, sino más bien en
términos de aprecio a otras culturas, bajo la premisa de un pensamiento plural
y multidimensional.
g) El énfasis en la libertad individual. En la
democracia, sólo quien es verdaderamente libre puede hacerse responsable de sus
acciones. La libertad, como condición de la democracia implica el crear una
amplia gama de opciones y un espacio político donde estas opciones sean
garantizadas. Así, el sujeto libre puede optar entre diferentes formas o
estilos de vida y no se encuentra necesariamente predeterminado o programado
para cumplir un destino que se le impone como dado e irrenunciable. Libertad
implica capacidad para definir autónomamente un proyecto de vida, para encontrar
la misión personal de la vida y llevarla a cabo en un espacio político que
facilita la realización de proyectos y que da múltiples alternativas de acción.
La libertad
implica también que el pensamiento y las creencias pueden y deben ser diversas.
Así, el Estado no predica ideología alguna, ni utiliza a la escuela como agente
de propaganda partidista o clasista; tampoco profesa doctrina, religión o credo
alguno. Por ello, la libertad de expresión, así como la de elección política
son necesarias.
2. Minimización de la marginación
La marginación
es una situación que afecta de manera profunda la vida de las personas y las
lleva a vivir en las “orillas” de las estructuras sociales, políticas y
económicas; el marginado se encuentra desplazado de éstas e imposibilitado para
integrarse a ellas de manera plena. La forma inicial como se manifiesta la
marginación, en las sociedades capitalistas, es a través de la reducción de
posibilidades de acceso a los bienes económicos. No obstante, la marginación
presenta dimensiones que trascienden el ámbito económico, llegando a afectar los
ámbitos culturales, educativos y políticos.
Las diferentes
formas de marginación se interrelacionan estrechamente entre sí y se
retroalimentan mutuamente, provocando un círculo vicioso del que es difícil
salir y que es comúnmente percibido como “cinturón de pobreza”. La situación de
marginalidad plantea para los individuos inmersos en ella, la difícil opción
entre elegir la supervivencia o mayores posibilidades de desarrollo. El costo de
oportunidad que significa un mayor desarrollo es tan grande que la situación de
marginalidad tiende a conservarse y a transmitirse generacionalmente. El acceso
a los bienes generados por los mercados es sumamente restringido, de tal manera
que incluso ciertos tipos de alimentos e incluso el vestido y la vivienda
llegan a ser percibidos, por el marginado, como bienes suntuarios. La urgencia
del marginado es la obtención de un mínimum
de recursos para poder subsistir, de tal manera que la subsistencia es su lucha
diaria y casi siempre, su único proyecto de vida.
Las evidencias
extrínsecas de la marginación son: la desnutrición, el analfabetismo, problemas
de salud e incluso problemas mentales, fatiga, debilidad emocional, etc. Pero
la condición interna de la marginación implica que el proyecto de vida personal
vea reducidos sus plazos a la inmediatez del momento actual, por lo que lejos
de poder proyectar una vida a futuro, el marginado debe priorizar la necesidad
de proyectar el alimento diario.
Al existir tan
grandes carencias en cuanto a las necesidades básicas de subsistencia, se
pierden de vista bienes de naturaleza superior como la educación y la cultura,
dificultándose también la acción política y la participación. De esta manera,
la preservación de condiciones de marginalidad presenta un fin instrumental
para los gobiernos autoritarios: mediante la reproducción generacional de la
marginación se garantiza la existencia de una población que fácilmente puede
masificarse, someterse, homogeneizarse y predecirse, además de ser fácil sujeto
para la introyección de ideologías y para la manipulación orientada hacia los
fines de preservación del sistema (por ejemplo, el acarreo o la compra de
votos), y de transmisión generacional de un régimen represivo y opresivo. La
situación existencial de marginación es una premisa de la forma de dominación
totalitaria.
La minimización
de la marginación, como variable de la práctica de la democracia, implica no
tanto su anulación (lo que parece utópico), como la no tolerancia, por parte de
gobierno, instituciones y sociedad civil, de condiciones de marginación
extrema. El ideal de la minimización de la marginación consistiría en transformar
la situación de marginación extrema en media y de marginación media en baja,
tendiendo en todos los casos a lograr que si existen marginados, su situación
pueda definirse como de baja marginación, habiéndose, por consiguiente,
eliminado las condiciones de extrema y media marginación
3. Relativa inmediatez en las relaciones
gobierno-gobernados
En esta
variable hablo de inmediatez relativa, ya que la inmediatez absoluta parece,
por el momento, imposible de lograr. En toda relación gobierno-sociedad civil
encontramos una instancia mediatizadora, sea una institución dependiente del
poder público, sea una institución dependiente de la sociedad civil, sea un
órgano, representativo de parte de los intereses de la sociedad civil como el
partido político, etc.
La idea clave
que se encuentra detrás de la relativa inmediatez es representatividad. En la
medida en que los diferentes niveles o instancias gubernamentales se vinculan
activamente con la sociedad civil en razón de relaciones de proximidad,
comunicación, diálogo y consenso, podemos hablar de mayor inmediatez. En cuanto
a la representatividad, esta se da cuando el gobierno actúa de acuerdo a
demandas socialmente consensadas a través del diálogo al interior de la misma
sociedad. Estas demandas conducen a decisiones estratégicas o tácticas, de
carácter operativo.
La
representatividad demanda una sociedad analítica, con capacidad para percibir
los problemas reales que le aquejan; también, exige una sociedad participativa,
dispuesta a intervenir en ejercicios de diálogo y consenso, y propopositiva,
dispuesta a plantear alternativas a la actuación del gobierno. Por el lado de
los niveles de gobierno, la representatividad se expresa en la pluralidad y en
la relación relativamente inmediata entre funcionarios públicos y ciudadanos.
Bajo esta premisa, los poderes públicos actuarán en beneficio de una base
social amplia y no de una élite reducida: el Poder Legislativo será una
expresión de la pluralidad social y un catalizador de las demandas sociales a
través de la relación directa con los electores; el Poder Judicial será una
instancia de impartición y procuración expeditas de justicia que atienda a los
intereses agraviados y no a los intereses de infractores y grupos de poder; y
el Poder Ejecutivo deberá gobernar idealmente para la mayoría de la población y
no sólo para favorecer los intereses de un partido político, o de facciones o
élites.
Las instancias
mediatizadoras del gobierno no pueden ni deben desaparecer, pero su cantidad no
debe abrumar a la sociedad y su relación con la ciudadanía debería realizarse,
idealmente, a través de instancias mediatizadoras que tengan su origen en la
misma sociedad civil. Una analogía puede resultar útil para expresar la
concepción de la relativa inmediatez en las relaciones gobierno sociedad civil:
en los mercados de bienes y servicios, a mayor número de intermediarios entre
el productor y el consumidor final, mayor es el precio final que se tiene que
pagar y mayor la brecha entre el costo de producción y el precio final del
producto en el mercado. Lo mismo pasa en la vida política: los costos de la
intermediación se traducen en términos económicos y se cobran a la población
mediante impuestos directos o indirectos. Es el ciudadano el que finalmente
paga cada instancia de intermediación creada por el gobierno, para alejarse del
contacto directo con la ciudadanía.
Los costos
políticos de la intermediación repercuten en diferentes ámbitos de la vida
pública. El efecto inmediato es el crecimiento del aparato público y de la
burocracia gubernamental; los efectos mediatos son: la lentitud en la
realización de los trámites, la sobre reglamentación, el papeleo excesivo, el
conformismo del empleado público, la inadecuación de los procesos jurídicos, la
falta de medios adecuados para resolver diferencias y conflictos, la dificultad
para asimilar nuevas tecnologías, el bloqueo de las ideas creativas e
innovadoras, la rutinización de las tareas y el tedio, etc.
4. Relativo dinamismo en el ejercicio del poder
público
Last but not least, tenemos la última variable
considerada en este trabajo y la más difícil de caracterizar. Nuevamente, como
en el caso de la inmediatez, el dinamismo tampoco puede ser absoluto: por
principio de cuentas, no sólo es necesario que las leyes tengan una cierta
estabilidad porque si las leyes pudieran cambiarse fácilmente perderían fuerza,
sino que también es necesario que los funcionarios públicos tengan experiencia
de gobierno, y esto no puede lograrse si la estructura del poder público está
siempre cambiando.
Las
subvariables que pueden comprenderse bajo el término relativo dinamismo en el
ejercicio del poder público son:
a) La pluralidad ideológica. Diversas
corrientes de pensamiento, diversas ideologías, pueden estar representadas en
los órganos públicos. A través de esta pluralidad ideológica, el debate
político se enriquece, pero también se pueden enfrentar diferentes concepciones
de lo que debe ser el orden político, económico y social.
b) El que diversas partes de la sociedad puedan
acceder al ejercicio de las funciones públicas. Esto es lo que se ha
llamado alternancia en el poder. La alternancia en el poder exige la existencia
de un sistema de partidos y de reglas claras para la competencia electoral.
c) La relativa movilidad de las élites. Cuando el
poder político es monopolizado por una parte de la sociedad, o por una
ideología dominante, tiende a perder su dinamismo, y se anquilosa y desgasta.
De ahí la necesidad de un poder donde la sucesión se garantice a través de
mecanismos que permitan incorporar a nuevos personajes a la vida pública.
Aspectos teóricos
Los diferentes
constitutivos de la praxis democrática pueden operacionalizarse y formalizarse.
Esto es, cada uno de estos elementos constitutivos pueden considerarse como
variables de una ecuación: cada una de las variables con sus respectivas
subvariables, puede ser traducida en términos cuantitativos, estableciendo así
un índice de democracia. El problema de la traducción en términos cuantitativos
de variables eminentemente cualitativas es grande, pero no implica la
imposibilidad de realizarlo.
Por lo pronto,
pueden definirse las siguientes funciones fundamentales:
1ª. A mayor
educación para la vida democrática, mayor democracia, y viceversa.
2ª. A menor
marginación económica, política y social mayor democracia, y viceversa.
3ª. Entre menos
sean las instancias que median entre gobernados y gobernantes, mayor
democracia, y viceversa.
4ª. Entre más
dinámico sea el ejercicio del poder público, mayor democracia y viceversa.
Finalmente, las
diferentes variables pueden ponerse en una ecuación que las sintetice:
A mayor
educación para la vida democrática; menor marginación económica, política y
social; menores instancias de mediación gobernantes-gobernados; y mayor
dinamismo en el ejercicio del poder público, mayor democracia.
Las variables
de esta ecuación pueden representarse con letras, a su vez, cada una de las
grandes variables tiene sus propias sub-variables que deben considerarse en la
ecuación. La formalización y la cuantificación son posibles, pero es importante
tomar en cuenta que toda traducción de aspectos cualitativos en cuantitativos, (sobre
todo, cuando el tema es la política), debe ser desarrollada con rigor
metodológico e interpretada con ciertas reservas:
1ª. El
resultado final de la ecuación refleja, sólo una tendencia: no se refiere a los
casos concretos, sólo al comportamiento general del universo,
2ª. La práctica
de la democracia está siempre referida a los individuos actuantes en un momento
dado, por lo que el estudio de la democracia en operación es siempre dinámico y
permanente; esto es, la práctica de la democracia es frágil y por ello, puede haber
variaciones en cuanto al índice de la democracia para un mismo país en
diferentes momentos de su desarrollo democrático.
Finalmente, es
difícil que exista una sociedad plenamente democrática, por ello y para fortuna
de nosotros, la democracia y su práctica son siempre perfectibles; además quién
puede negar que quizá, la democracia, sea sólo una forma de gobierno intermedia
hacia otra forma, más perfecta, que tal vez pueda gestarse en el milenio venidero.
Breves indicaciones sobre el caso de México
Resultaría
interesante aplicar el modelo propuesto para estudiar el caso de México, pero
la falta de espacio hace imposible realizar este estudio a profundidad. Basten
sólo unas breves indicaciones.
Después de casi
70 años bajo un régimen político autoritario, paternalista y patrimonialista,
México y los mexicanos hemos sentido los efectos adversos e inerciales del
régimen, sobre los constitutivos de la práctica de la democracia.
La situación
actual de México es preocupante en cuanto a la vigencia de una vida
democrática:
1º. Bajo el
sistema político autoritario, las variables de la educación para la vida
democrática son invertidas por el sistema educativo, el cual sirve
principalmente para reproducir esquemas de dominación-sometimiento, idolatría,
mitos y fanatismos.
Bajo los
gobiernos paternalistas, la responsabilidad individual se ha transformado en
irresponsabilidad hacia la colectividad y hacia el otro, en oportunismo,
búsqueda del éxito fácil, corrupción e ineficiencia. A su vez la participación
se ha transferido libidinalmente a entes o eventos de carácter colectivo, y a
figuras carismáticas promovidas desde las estructuras del poder (político o
económico).
La crítica es
utilizada para legitimar al sistema; la oposición es avasallada, comprada o
aniquilada; el pensamiento se hace uniforme y los líderes de opinión reinciden
en lugares comunes de un discurso que tiende a suprimir las diferencias y a
anular las contradicciones.
El diálogo se
transforma en chisme o monólogo; el chisme permite un cierto tipo de diálogo,
pero vacío de contenido, el cual versa sobre las vidas de otros y transmite
opiniones en detrimento de la búsqueda de certezas. El monólogo se da sobre
todo al nivel de la opinión pública: los funcionarios practican la apología de
sí mismos y de su partido; los periodistas le hablan a un ciudadano ideal o
tipo en términos de lo que ellos quieren decir y no en términos de lo que el
ciudadano real necesita saber.
La libertad
funciona como una especie de concepto vacío, que se ha traducido en libertad de
creencias, de adoración, de compra o en una vida sin coacción física; pero no
se define la libertad como amplitud de opciones, como gama de posibilidades
ofrecidas por el espacio público.
La virtud de
religión y el culto interno se transfiguran en fanatismo, apego a los ídolos y
al culto externo; pero también se convierten en purificación y liberación de
culpas que garantizan la irresponsable reincidencia.
2º. Durante la
administración patrimonialista (basada en el control sectorial) y “feudal”
(basada en el control territorial) del presidente Zedillo, la marginación,
lejos de disminuir, ha aumentado de manera considerable, sobre todo la así
llamada marginación extrema. La brecha que existe entre ricos y pobres ha
aumentado significativamente. De esta manera, la marginación económica dispara
otras formas de marginación, baste con mencionar la marginación educativa y
cultural.
Con toda
claridad puede reconocerse en México una educación para élites y una educación
para marginados, una cultura de élites y una cultura popular. La educación para
las élites tiene como fin preparar a los futuros empresarios y funcionarios
públicos y a los ideólogos y científicos que sirven como instrumentos de las
altas esferas (instrumentos porque sirven a los fines de mantenimiento de las
élites a través de la manipulación de las masas); la educación para marginados
tiene como fin preparar a los mandos medios y operativos, a hombres y mujeres
que serán sacrificados en las líneas de ensamblado de las maquiladoras.
La cultura para
las élites, pese a tomar algo de lo mejor de la cultura occidental, es
superficial en sus contenidos, reproduce conceptos, pero los vacía de
connotación, y busca el ideal pragmático de la dominación: reproduce
orientaciones artísticas superficiales y mal asimiladas; la cultura popular
introyecta falsos ideales, ideologías baratas y figuras míticas y carismáticas
(la estrella de televisión, el cantante, la modelo; todos ellos, variaciones
del tema del fetiche).
3º. Después de
décadas de una concepción patrimonialista del poder público, que implica que
los órganos del gobierno funcionen como una especie de agencia de colocaciones
y empleos para el PRI, el Gobierno Federal ha comenzado a cerrar algunas de
estas “agencias”, a través de mecanismos poco claros de licitación; pero
mantiene todavía un aparato estatal que es de dimensiones colosales, plagado de
funcionarios ineptos, los cuales han llegado a los cargos públicos más por el
favor y la lealtad, que por la competencia y la calidad.
4º. Después de
décadas de un régimen que ha reprimido sistemáticamente a la oposición
política, la situación ha comenzado a cambiar, gradualmente: las reglas de la
competencia se han depurado, a raíz de las reformas realizadas a nuestro Código
Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, pero aun falta un
verdadero sistema de partidos en el que el PRI se transforme en un partido
político real, dejando de ser así un partido de Estado.
Conclusión
Se ha difundido
la falsa idea de que cuando algún partido político diferente al PRI gane la
presidencia, entonces habremos llegado a la democracia; la consigna retórica
que está detrás de este argumento es: sacar al PRI de Los Pinos. Pero con esto
sólo se atiende a una de las variables consideradas en este trabajo: el
dinamismo relativo del poder público.
La realización
aislada, aunque plena, de cualquiera de las variables descritas no es condición
suficiente y necesaria para que podamos hablar de una democracia. La
democracia, bajo la hipótesis de este trabajo, sólo se da cuando las variables
descritas se realizan de manera interrelacionada.
Por ello, el
primer gobierno opositor deberá funcionar como un gobierno de transición, capaz
de crear las condiciones para que la práctica de la democracia se dé. Una de
las primeras tareas a emprender será la reforma del sistema educativo con la
respectiva explicitación, en el Artículo 3º Constitucional, de qué debe
entenderse por educación para la democracia. Ciertamente la educación es uno de
los grandes problemas de nuestro país, pero no es el único. Tampoco puede
afirmarse inequívocamente que la reforma en el sistema educativo baste para
garantizar por sí misma la democracia, si no se dan las restantes variables
contempladas en este trabajo. A través de la reforma educativa puede
garantizarse una base mínima que permita conformar un orden cultural que tenga
como fin la vida democrática plena.
En segundo
lugar, será necesaria una reforma del sistema económico, tendiente a una
redistribución de la riqueza que ataque la marginación alta en sus causas. No
basta con paliar las situaciones de marginación extrema, es necesario ante todo
romper con los círculos viciosos de transmisión generacional de la pobreza.
Minimizando la marginación podrá lograrse un orden económico que tenga como fin
garantizar condiciones de vida digna mínimas para que sectores amplios de la
población puedan trascender la visión de corto plazo que implica la mera
supervivencia y logren así el acceso a bienes primarios para ampliar sus
horizontes y acceder a bienes de naturaleza superior.
En tercer
lugar, será necesaria una nueva forma de relación entre gobernantes y
gobernados que tienda al fortalecimiento de la sociedad civil. En este aspecto
parece ser necesaria una reducción del aparato gubernamental, con el fin de que
la carga que representa para la población no sea tan grande como lo es en la
actualidad. De esta forma, puede garantizarse la base para un nuevo orden
político y para un nuevo orden de convivencia social.
Finalmente, es
necesario reformar las estructuras gubernamentales, con el fin de crear un
nuevo orden político representativo de los intereses sociales y con poderes
públicos que sirvan a la población, en lugar de servirse de ellas.
Aunque no hemos
creado más que la última de las condiciones de la vida democrática, esto no
quiere decir que no tengamos aspiraciones o vocación democráticas. En
definitiva, la única forma de ser demócratas es practicando la democracia en la
familia, en la escuela, en el barrio y la colonia, etc. México puede ser una
Nación democrática si todos trabajamos en este sentido. Este es nuestro reto
histórico.
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