martes, 5 de septiembre de 2017

Cuento: La expansión de la especie humana

Por Javier Brown César


Todo sucedió de manera fortuita, como se han dado algunos de los más extraordinarios descubrimientos. Fue durante el transcurso de un experimento que un accidente abrió un portal intergaláctico. En ese entonces desconocíamos bien su funcionamiento, hoy tenemos siglos comprenderlo. Un portal intergaláctico, dependiendo de su posición relativa, permite acceder a galaxias distantes, que se suponía que se tardaría una prácticamente incontable cantidad de años luz para llegar a ellas. Hoy los portales nos permiten acceder a galaxias extraordinariamente remotas, en todas ellas hay vastas colonias de humanos, ubicadas en planetas amigables para la vida. En un principio todo parecía un sueño, la expansión ilimitada de la raza humana amenazaba con terminar con la vida en el planeta, pero el acceso al primer portal nos llevó a explorar varias galaxias con planetas habitables; ampliamos los portales y transportamos diversas tecnologías disponibles en cada época, así como todo lo necesario para adaptarnos a los increíbles mundos descubiertos, muchos de esos mundos los tuvimos que abandonar a su suerte, ante la increíble colonización que ya sumaba cientos de mundos imposibles de supervisar, si no queríamos frenar la conquista del espacio, para entonces bandera de todos los gobiernos y supremo ideal de la humanidad. Eso empezó hace siglos, desde entonces la humanidad es especie dominante en miles de mundos. Sin embargo, hasta hoy no hemos encontrado formas de vida inteligentes en ningún planeta habitable. Los universos son tan vastos que hemos abierto portales en otras galaxias que nos llevan a planetas nuevos, y no encontramos más que paraísos turísticos que después se llenan de colonias y visitantes, con los más extraordinarios escenarios y paisajes. Algunos planetas tienen varias lunas, hay planetas acuáticos, aéreos, predominantemente terrestres, pantanosos, áridos, helados, tropicales; en todos ellos hemos establecido colonias. Se han creado nuevos sistemas económicos en los que se ha impedido el abuso y la acumulación. Muchas colonias fueron administradas con sobriedad y en beneficio de toda la humanidad, por acuerdo unánime de las naciones. A planetas abundantes en recursos se enviaron miles de millones de humanos con tecnología y conocimientos avanzados que llevaron a la prosperidad a todos sus habitantes. Hubo diversos experimentos: comunas, imperios, democracias, sistemas parlamentarios y monárquicos, pero al final imperó el autogobierno local, basado en la desaparición de grandes entidades nacionales, en la unidad lingüística y el consenso en torno a valores y principios fundamentales. Pero en otros mundos, la humanidad no prosperó, pronto hubo conflagraciones y divisiones interminables, competencia ilimitada por el dominio con base en la tecnología y rencillas insuperables. Varios de los planetas poblados por la humanidad, se extinguieron de forma lamentable; el experimento fracasó, como fue el caso del planeta llamado Tierra.

 

Septiembre 4 de 2017

Cuento: Amputación


Te acostumbras a vivir con el cuerpo que tienes, entero si eres afortunado, sin miembros faltantes ni facultades mermadas; así vives, hasta que un buen día, un accidente fortuito y absurdo te deja sin una parte de él. Entonces te das cuenta de que algo falta, en mi caso fue una pierna amputada desde la parte superior del muslo, dejando 10 centímetros de lo que antes era casi un metro. ¿Te pueden imaginar?: la masa de carne, músculos, venas, arterias y huesos perdidos, kilos de vida que se pierden en segundos. Vi la parte faltante entre sueños, tendida en un lugar distante, llamando al resto del cuerpo, vida que muere por falta de conexiones. Y entonces te das cuenta de todo lo que perdiste, porque sientes el desbalance, la falta de apoyo, y en el extremo, todavía crees que estás entero y te tratas de parar, pero caes. Te das cuenta de que esto puede tardar días meses o años. Si pierdes un brazo o los dos, dejas de atrapar y manipular al mundo, pero si pierdes una pierna o las dos, ya no tienes capacidad de moverte por el mundo, te ves recluido a un espacio reducido, en el que te puedes desplazar, si careces de instrumentos para movilizarte, como sillas de rueda o muletas. Al perder un brazo pierdes la capacidad para balancearte y en poco tiempo caminas normalmente, inclinando el cuerpo hacia donde falta el peso, sólo para compensar, pero si pierdes una pierna no puedes hacer nada más que depender de un apéndice artificial para desplazarte, y en las noches sientes el desbalance de un miembro mayor, tus vueltas en la cama ya no son iguales, falta demasiado para descansar con tranquilidad; y los sueños te recuerdan aquellos destellos de estupidez que configuraron tu vida para siempre, que te llevaron al accidente irreversible, a la pérdida de tu extremidad. Si quieres ir al baño de noche, tienes que pensarlo varias veces, porque si es difícil en medio de los sueños ordenar que el cuerpo se levante, cuanto más lo es si le falta algo esencial. Te desplazas por la vida con un pedazo de materia que no es tu cuerpo y nunca lo será, tratas de no ser diferente, pero lo eres y todos se dan cuenta y algunos se compadecen y odias a todos y quieres que alguien pague por lo que te hicieron. Y lleno de odio te retiras, otra vez a la larga noche de tu incompleta humanidad.

 

Junio 23 de 2017

sábado, 12 de agosto de 2017

Cuento: Herejes


Hay una secta, considerada unánimemente como herética, que defiende la tesis de que todos los libros que conocemos, de cualquier época y formato, han sido escritos por un poder que sobrepasa la capacidad del ser humano para producir algo que vaya más allá de burdas creaciones técnicas, triviales en su funcionamiento, como máquinas y maquinarias. Las consecuencias de esta tesis, en apariencia banal, son demoledoras: todo lo que entendemos como moral, política, arte, en fin, todo en absoluto es controvertible o irrefutable. Si una fuerza suprema dictó la Biblia, el Corán y el Talmud, si al lado del Quijote escribió panfletos absurdos, todo, absolutamente todo, tiene un valor literario que debe ser ponderado en función de la fuente. Si aceptamos una teoría evolutiva según la cual la evolución es, a final de cuentas, un proceso de variación y selección que se da en el tiempo, entonces las obras completas de Donatien Alphonse Francois conocido como el Marqués de Sade, son superiores a grandes libros sagrados. En caso contrario, si no hay evolución en el ámbito de lo escrito, entonces todo tiene valor igual: Shakespeare y la trama de una película pornográfica en la que la narrativa se reduce al encuentro de dos personas para exuberar el placer, son equivalentes en su valor: ambas fueron escritas por un ser superior. He llegado a la conclusión que esta herejía es inadmisible y que tal vez todos los libros han sido escritos por humanos. No obstante esto me enfrenta a un gran dilema, ya que por otro lado, me es difícil negar la teoría del origen divino de algunos libros, eso sería anular toda posibilidad de revelación de grandes verdades por parte de algún ser superior; pero entonces me acuerdo de las palabras de Octavio Paz: "No hay despotismo más despiadado que el de los propietarios de la verdad". Así que estoy en un callejón sin salida que tal vez alguna divinidad diseñó para que el ser humano no pueda conocer los arcanos de la existencia.

 

Junio 29 de 2017

domingo, 16 de julio de 2017

Poema: Efectos de la belleza

Por Javier Brown César


Efectos de la belleza

 
A través de la belleza los ojos se limpian de maldad
Regresan al primer ver
Sólo volviendo a la belleza primigenia
la del ver primero
la del primigéneo aliento
la del contacto original con la madre
con la tierra
con la vida
es posible regresar a la inocencia
a la fuente original
a la ética sin vanidad ni rencor
a lo que está antes del resentimiento
a lo que antecede a la moral
 
Lo moral introduce el mal
introduce la sedición del alma
la sublevación del orgullo
la ampulosidad de la soberbia
la envidia criminal
la sedición libertaria
el anhelo de libertad

Lo bello purifica las formas perversas
las que depravan la vida
las que pudren la esperanza
 
Lo bello retrotrae a la intención original
a la rectitud incuestionable
a la voluntad pura por buena
a la bondad suprema anclada en el desinteresado desear
 

Cuando el alma se limpia por la belleza
queda lo que antecede al deseo
lo que provoca anhelos
lo que ya no incita envidias

El ímpetu puro de la vida
exaltado por la belleza
al final trasluce
el esfuerzo inicial
el conato de vida
que encuentra en lo bello
el medio supremo
para consumar la eternidad

 Junio 27 de 2017

lunes, 10 de julio de 2017

Cuento: El enciclopedista

Por Javier Brown César


Tengo un amigo que leyó todos los tomos de la Encyclopaedia Britannica, los treinta de la última edición, página por página. Su tarea de lectura comenzó como la práctica de una religión: cada noche, antes de acostarse, leía al menos 100 páginas que lo mantenían despierto hasta la madrugada. Así vivió varias décadas de su vida, si consideramos que la gran obra, en la quinceava edición, que era la que él tenía, abarcaba cerca de 30,000 páginas. Cuando terminó de leer y casi sin darse cuenta, habían muerto sus abuelos y sus padres, sus tíos y sus más cercanos familiares; soltero y célibe tenía un conocimiento acumulado descomunal, pero intransmisible. Para cuando hablé con él la última vez, sólo recordaba con claridad algunas citas dispersas de páginas aleatorias del último tomo de la Macropaedia, así como algunas anécdotas y nombres de diversos artículos y entradas que habían capturado su morbo y su atención, pero que a estas alturas ya no tenían sentido para él; había miles de artículos que tenía años de haberlos leído. Y aunque en sus sueños quiso conservar el recuerdo íntegro de este compendio del saber humano, no fue capaz de lograrlo: éste terminó almacenándose en un lugar recóndito de su mente, inaccesible para él.

 

Junio 25 de 2007

Poema: La vida es verde

Por Javier Brown César


La vida es verde
Del color de las plantas y de la juventud
La vejez anhela ser joven
La juventud también
Abrazan ambas:
El vigor incomprensible
El deseo desencadenado
La belleza permanente
La resistencia heroica
El desdén y el orgullo
La altivez y la petulancia
La autosuficiencia y el egoísmo

 
La vida ama a la juventud
Edad verde de la propia vida
Preludio al florecimiento
Antesala de la gran hazaña creativa
Memorable en su fulgor
Incomprendida en su momento
Desgraciadamente pasajera
 

Edad de grandes anhelos
De exultantes deseos
Que inquietos esperan
El fluir del gran dinero

Verde vida, verdes sueños
Que aguardan caprichosos
La satisfacción de los deseos
En el verdor de un beso
Incapaz de ser robado

 

Junio 22 de 2017

miércoles, 28 de junio de 2017

Cuento: El día del ordenador


Por Javier Brown César

Y llegó el día en que el ordenador escribió una gigantesca y grandiosa "novela", en poco más de dos millones de páginas de incalculable valor y sobresaliente méritos científicos, artísticos, filosóficos y culturales. Todo estaba ahí: desde la Iliada y la Odisea, hasta los argumentos de las novelas que habrán de publicarse por el resto de los tiempos, pero todo había sido mejorado, exaltado, depurado en su lenguaje y con estilo impecable en su confección.

Dicen que en sus millones de páginas se revela el misterio de la creación del universo, que se da la respuesta a preguntas como la existencia de un Dios y la prolongación de la vida humana más allá de su muerte corporal; se diserta con elocuencia acerca del sentido de la existencia, de la misión del ser humano en la tierra, en fin, de todo lo que nos compete y preocupa. Pero también se rumora que para leer, interpretar, valorar y comprender una obra de tal magnitud se requeriría más que una vida.

Desde en que la computadora parió su hijo de dos millones de páginas ya no hay novelistas, ni poetas, ni filósofos ni científicos naturales o sociales; el ordenador lo ha dicho todo. Sólo basta consultar esta vasta enciclopedia informática con sus decenas de miles volúmenes, para saber todo lo que se necesita, desde cómo dirigir una escuela hasta los secretos del éxtasis humano en todas sus formas.
 
Se ha tratado de difundir el conocimiento de la magna obra a través de hologramas, con mapas geopolíticos, imágenes del universo, mapas mentales de las más diversas materias como la historia, la economía, la filosofía, el derecho y muchas más; esta tarea ha sido infructuosa: para cada mapa, holograma, esquema, cuadro, y miles de otras formas de presentación, se necesitaban semanas enteras para su plena comprensión, dependiendo de la complejidad de la cuestión. Algunas de esas presentaciones requieren días de estudio, otras años, e incluso se dice que desde ese día no se ha podido descifrar el mapa que revela los secretos más profundos del universo: su origen y fin, sus incontables mundos con vida y la historia de las diversas formas de existencia.

El ordenador no produjo la magna obra por mandato alguno, surgió espontáneamente ante la necesidad, sentida por la mente autómata, de contar con un soporte universal. Para representar ese magno soporte, a manera de complejo y detallado índice, hay miles de páginas que explican la terminología utilizada a partir de múltiples mapas de asociaciones que llevan a objetos incuestionables para cualquier forma de vida con sensibilidad para percibirlos y con inteligencia para descifrarlos.

Ahí está el saber humano en todas sus formas, la gran obra de un monstruo indiferente y distante de la vida de los seres humanos. En un esfuerzo de síntesis literalmente sobrehumano, el ordenador fue capaz de resumir mares de historia y sabiduría en muy pocas páginas, si tomamos en cuenta los miles de millones de años de conocimiento y sabiduría.

La gran tragedia de esta proeza es que para leer, no se diga para comprender y aplicar este magno saber, una sola persona necesitaría 5479 años en números redondos, aunque si formáramos grupos de 1000 personas dividiendo el trabajo entre ellas, cada una tardaría cinco años y un cuatrimestre para leer sus respectivas páginas, esto sin tomar en cuenta las horas de sueño que en promedio comprenden un cuarto del día, además del tiempo requerido para comer y descomer y asearse y el que se necesitaría para que todos compartieran el conocimiento adquirido, mediando un necesario acuerdo para transmitir sus hallazgos; a todo esto podríamos sumar unos veinte años y digamos, otros veinticinco años más para difundir el conocimiento necesario.
 
En fin, además de que ese día el ordenador descifró el todo, encontramos que no tendríamos suficiente tiempo para transmitir lo revelado, estábamos perdidos, aunque sólo fuéramos lectores, intérpretes y divulgadores. Después de calcular y dialogar durante varios años nos dimos cuenta de que nos sucedería una nueva generación que tendría que repetir el mismo proceso, y así, en un círculo interminable de vanos intentos por comprender nuestra realidad. Así que un buen día, decidimos que fuera el ordenador, con sus dos millones de páginas de conocimiento, el que tomara todas las decisiones; ese día lo nombramos, por unanimidad, como el día del ordenador.

 

Junio 20 de 2017