jueves, 2 de marzo de 2017

Cuento: Ni bueno ni malo

Por Javier Brown César


Un día mi madre me dijo que él era una buena persona, porque no le había hecho ningún mal a nadie. Cierto. Pero tampoco había hecho nada bueno por nadie. Era como una especie de figura decorativa en una amplia galería de seres que, o habían causado daños terribles, o habían sido tan buenos que merecían paraísos terrenales. La justificación de la asepsia moral es posible entonces, con lo que se legitima plenamente la existencia de aquéllos que no acarrean ningún mal, pero que tampoco producen bien alguno. Seres neutrales, en fin, no equiparables a lindos perritos que el mover la cola con fruición, concitan sonrisas y conmueven corazones; seres que, más bien, son como plantas o figuras decorativas: su existencia es aséptica, distante e intrascendente, como un viento que pasa sin mover las hojas de las copas de los árboles, como una vida que transcurre sin dejar huella alguna en sus semejantes. Este tipo de personas neutrales y distantes me recuerdan la condena que Dante hace de aquellos ángeles que, ni fueron capaces de rebelarse contra la divinidad, ni le fueron leales, y a los que el gran poeta estigmatizó al denominarlos "coro odioso": quel cattivo coro de li angeli che non furon ribelli, nè fur fedeli a Dio, ma per sè fuoro" (Infierno III). No en balde estos seres banales no están en los cantos relativos al Paraíso, sino al principio de la gran Comedia, en el Infierno.

 

Febrero 28 de 2017

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