"O tu che vieni al doloroso ospizio" Dante. Infierno V, 16
Nacimos en medio de la más terrible
desolación: algunos en medio de la lluvia y el frío, sin otro cobijo que el
abrazo sincero de nuestros sufrientes padres; otros la canícula que todo lo
consume en vapores infernales. Mientras que otros nacen envueltos en sábanas de
satín, de lino y seda, nosotros vinimos al mundo con lo que traemos encima.
Nuestra vida es el infierno mismo, arrebatados de nuestras madres apenas
nacidos anhelamos el seno materno que se nos niega a punta de indiferencia,
porque nuestras progenitoras tienen que trabajar casi apenas dando a luz. Nos
envían a criaderos inmundos, hacinados y apestados, con la consigna mínima de
no dejarnos morir. Somos criados en el dolor y el olvido, sin ver a nuestras
familias, habituados a una vida que será la que tuvieron nuestros padres:
sangre, sudor, trabajo y lágrimas. Esto ha sido así desde varias generaciones.
Quien se revela es azotado casi hasta la muerte. Estos campos de miseria y
hambre son nuestra tierra, las pocas horas de felicidad ven su fin ante la
inminente llegada del fuete que nos doblega y encadena a un trabajo inmundo,
que todos odiamos, pero que sólo podemos dejar una vez muertos. Esta es nuestra
vida y la vida de quienes nos antecedieron. Diariamente soñamos venganzas
imposibles y mascullamos resentimientos inútiles, porque nuestra única
convicción es que nos han quitado todo, menos lo único que no podemos perder y
que es el más profundo y doloroso descontento; ante el futuro cierto y brutal,
sólo nos queda la indignación.
Marzo 16 de 2017
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