domingo, 19 de marzo de 2017

Cuento: Sólo nos queda la indignación

Por Javier Brown César


"O tu che vieni al doloroso ospizio" Dante. Infierno V, 16

 

Nacimos en medio de la más terrible desolación: algunos en medio de la lluvia y el frío, sin otro cobijo que el abrazo sincero de nuestros sufrientes padres; otros la canícula que todo lo consume en vapores infernales. Mientras que otros nacen envueltos en sábanas de satín, de lino y seda, nosotros vinimos al mundo con lo que traemos encima. Nuestra vida es el infierno mismo, arrebatados de nuestras madres apenas nacidos anhelamos el seno materno que se nos niega a punta de indiferencia, porque nuestras progenitoras tienen que trabajar casi apenas dando a luz. Nos envían a criaderos inmundos, hacinados y apestados, con la consigna mínima de no dejarnos morir. Somos criados en el dolor y el olvido, sin ver a nuestras familias, habituados a una vida que será la que tuvieron nuestros padres: sangre, sudor, trabajo y lágrimas. Esto ha sido así desde varias generaciones. Quien se revela es azotado casi hasta la muerte. Estos campos de miseria y hambre son nuestra tierra, las pocas horas de felicidad ven su fin ante la inminente llegada del fuete que nos doblega y encadena a un trabajo inmundo, que todos odiamos, pero que sólo podemos dejar una vez muertos. Esta es nuestra vida y la vida de quienes nos antecedieron. Diariamente soñamos venganzas imposibles y mascullamos resentimientos inútiles, porque nuestra única convicción es que nos han quitado todo, menos lo único que no podemos perder y que es el más profundo y doloroso descontento; ante el futuro cierto y brutal, sólo nos queda la indignación.

 

Marzo 16 de 2017

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