Por Javier Brown César
El mundo se acabó en 2001 o por lo
menos eso es lo que quiero creer en estos momentos. Me digo que no es posible
que hayamos testimoniado cosas tan absurdas, como la llegada a posiciones de
poder de algunos sujetos a los que antes tachábamos de absolutos inútiles y
corruptos. Ahora veo en los anuncios espectaculares que hay en varias partes de
la ciudad, la cara del tipo que yo sabía desde hace años que era un pillo y un
rufián, además de un mediocre, drogadicto y alcohólico.
Me pregunto por qué el conocimiento
tiene que costar en un mundo en el que quienes pueden pagar no se interesan por
él en lo más mínimo y quienes están sedientos de él no lo pueden pagar. Me
pregunto también cómo es posible que con la promesa de una nueva era de
despertar espiritual y conversión de la especie humana hallamos llegado a estos
niveles de insensatez y de absoluta y abominable decadencia. Hace algunos años
todavía se hablaba de la era de Acuario como de la emergencia de una nueva
generación y repetíamos como lerdos la exitosa canción: "this is the dawning of the age of Aquarius"; y se hablaba de niños índigo
y de un nuevo y glorioso futuro para todos.
Pero el ser humano sigue siendo,
después de las atroces guerras del siglo XX, una bestia estúpida y el peor de
los seres vivos sobre la tierra. Nos hemos convertido en la plaga de un planeta
que no tiene anticuerpos para deshacerse de ella. Hoy los pillos siguen
triunfando, los oportunistas son alabados y los justos y virtuosos son
humillados. Todo está al revés y nada parece estar en su sitio.
Y mientras tanto, un tipo como yo,
con cuatro títulos universitarios y múltiples escritos a cuestas, tiene todavía
la jodida esperanza de que el estudio realmente sea valorado, mientras me veo ante
la triste necesidad de pedir dinero para sobrevivir, al tiempo que holgazanes
que lo único que han hecho en su vida es tener un padre político o narco o
empresario mafioso y corrupto, gozan de una fortuna que gustoso cambiaría por
una buena biblioteca con las obras completas de Homero y Hesíodo, de Herodoto y
Tucídides, de Cervantes y Shakespeare, de Moliere y Rabelais, de Goethe y
Dickens, de Tolstoi y Dostoievski, de Joyce y Flaubert, de Pérez Galdós y
Baudelaire, de Faulkner y Dos Pasos, de Borges y Cortázar, de García Márquez y
Fuentes, de Vargas Llosa y Pérez Reverte, de Neruda y Paz, de Platón y
Aristóteles, de San Agustín y Santo Tomás de Aquino, de Descartes y Leibniz, de
Kant y Hegel, de Nietzsche y Heidegger, de Jaspers y Marcel, de Zubiri y Cioran,
y un largo etcétera; o por una discoteca con la música completa de Bach y
Handel, de Hayden y Mozart, de Beethoven y Brahms, de Schubert y Schumann, de
Tchaikovsky y Sibelius, de Debussy y Ravel, de Rimsky Korsakov y Mussorgsky, de
Prokofiev y Stravinsky, de Berio y Stockhausen y un largo etcétera.
Y como baluarte del espíritu
emprendedor tenemos empresarios mediocres y corruptos rodeados de abogados,
para defenderlos de su mezquina actitud y de un modus vivendi ridículo que
en lugar de buscar la innovación y generar empleos, ofrece basura barata a un
pueblo cada vez más ignorante y miserable. Y mucha gente que quiere viajar para
aprender y visitar museos y bibliotecas en lugar de ir a bares y cantinas no lo
puede hacer, y quienes quieren aprender otro idioma tienen que comprar cursos
baratos porque no pueden pagarse clases de cierto nivel o fraternizar con otras
personas para aprender de sus costumbres y cultura.
Ahora somos gobernados por políticos
que representan a una marca y no a ideas vigorosas que al ponerse en práctica
generan bienes públicos, mientras que la gente culta es relegada a posiciones
marginales; y tenemos excelsas pantallas planas para proyectar una televisión que
nos ofrece la misma porquería de siempre, para gente mediocre y conformista que
sigue pegada a los mismos canales que sólo transmiten basura, día y noche,
noche y día.
En estos momentos quiero creer que
el mundo se acabó en los primeros segundos de 2001, porque todo esto que
estamos viviendo es una inmunda pesadilla una broma absurda del destino, del muy
mal gusto. Así que cierro los ojos con la esperanza de que todo esto haya sido
un mal sueño.
Enero 17 de 2015
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