Una entrevista de trabajo
Por Javier Brown César
Sí joven. Estoy cerca de
cumplir los sesenta años. Podría ser su padre, e incluso su abuelo. Vine a esta
entrevista de trabajo, a pesar de que solicitan personas no mayores de 55 años,
porque sé que mis conocimientos y experiencia pueden ser de sumo valor para la
empresa en la que trabaja. Sé también que ustedes que reclutan personal, siguen
al pie de la letra los requisitos del perfil, y por ello, le agradezco que me
reciba, a pesar de mi edad. Verá Usted –y se lo digo con todo respeto– he
vivido, con todo lo que ello significa; ya estuve en un puesto similar al de
Usted, aunque en ese entonces no había tanta especialización, y al frente del
área de reclutamiento podía haber un administrador, y no como ahora, varios
psicólogos, cada uno experto en alguna de las diversas pruebas que aplican. Sé
que si he llegado hasta aquí es porque pasé pruebas que han sido diseñadas para
que algunos no pasen, y estoy convencido de que en la vida, quien ha conocido
el éxito y el fracaso, tiene mucho que enseñar, se lo digo con toda humildad;
no es suficiente con ser un profesionista exitoso, esto enseña poco, lo que en
verdad edifica el espíritu y da grandes lecciones de vida es haber fracasado
alguna vez o varias veces, porque entonces uno sabe por qué fracasó y además
adquiere la humildad necesaria para saber que ningún éxito es permanente y que
la fama es inestable. He visto esta rueda de la fortuna, que es el mundo
laboral, subir y bajar, he estado arriba y abajo: cuando he ocupado altas
posiciones he sido benevolente y respetuoso, y cuando he ocupado las posiciones
más humildes he sido honesto y trabajador, y nunca servil y lambiscón. He
logrado cosas muy importantes y he aportado mis mejores años para engrandecer a
las empresas y a las instituciones, pero ahora me es difícil encontrar un
empleo digno. Verá Usted: tal parece que en este país nadie sabe hacer otra
cosa que vender, se solicitan vendedores, agentes de venta, jóvenes para estar
en los llamados call center muchas horas y a cambio recibir pocos pesos; y es
triste, porque tal parece que no sabemos hacer otra cosas que vender o comprar,
muchos incluso venden aquello que es dañino, como drogas y otros venden cosas
superfluas y vanas, y en el peor de los casos, hay gente que vende su cuerpo y
si pudieran, tal vez también venderían su alma al diablo; también están los que
venden malas copias y productos defectuosos. Por mi parte, no me sé vender ni a
mí mismo, y tal vez por eso no he escalado posiciones más altas, porque ante
todo soy honesto y hablo de mis virtudes pero también de mis defectos, no como
otros que nunca dicen que lo que venden tiene serias fallas o que va a durar
poco tiempo y después va a dejar de funcionar. En mi juventud estaba
acostumbrado a que lo que comprara duraría toda una vida, pero luego sucedió lo
peor: las cosas comenzaban a descomponerse y era más caro componerlas que
comprar otras nuevas, y así, todo se volvió reemplazable y perecedero, y ahora
ha que comprar, y comprar y comprar. Pero bueno, no quiero distraerlo con
nostalgias vanas. Le reitero que estoy convencido de que su empresa puede ser
mejor si me contratan a mí. En fin, no quiero quitarle más su tiempo que sé que
es muy valioso. Sólo espero que no haga lo que muchos han hecho conmigo: dicen
que después me llamarán y al final ni siquiera me llaman. Por lo menos espero
que ustedes tengan la atención de llamarme si no les interesa mi trabajo. Por
lo menos eso espero, un poco de respeto y atención. Muchas gracias.
31 de diciembre de 2013
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