martes, 31 de diciembre de 2013

Cuento: Una entrevista de trabajo


Una entrevista de trabajo
Por Javier Brown César

Sí joven. Estoy cerca de cumplir los sesenta años. Podría ser su padre, e incluso su abuelo. Vine a esta entrevista de trabajo, a pesar de que solicitan personas no mayores de 55 años, porque sé que mis conocimientos y experiencia pueden ser de sumo valor para la empresa en la que trabaja. Sé también que ustedes que reclutan personal, siguen al pie de la letra los requisitos del perfil, y por ello, le agradezco que me reciba, a pesar de mi edad. Verá Usted –y se lo digo con todo respeto– he vivido, con todo lo que ello significa; ya estuve en un puesto similar al de Usted, aunque en ese entonces no había tanta especialización, y al frente del área de reclutamiento podía haber un administrador, y no como ahora, varios psicólogos, cada uno experto en alguna de las diversas pruebas que aplican. Sé que si he llegado hasta aquí es porque pasé pruebas que han sido diseñadas para que algunos no pasen, y estoy convencido de que en la vida, quien ha conocido el éxito y el fracaso, tiene mucho que enseñar, se lo digo con toda humildad; no es suficiente con ser un profesionista exitoso, esto enseña poco, lo que en verdad edifica el espíritu y da grandes lecciones de vida es haber fracasado alguna vez o varias veces, porque entonces uno sabe por qué fracasó y además adquiere la humildad necesaria para saber que ningún éxito es permanente y que la fama es inestable. He visto esta rueda de la fortuna, que es el mundo laboral, subir y bajar, he estado arriba y abajo: cuando he ocupado altas posiciones he sido benevolente y respetuoso, y cuando he ocupado las posiciones más humildes he sido honesto y trabajador, y nunca servil y lambiscón. He logrado cosas muy importantes y he aportado mis mejores años para engrandecer a las empresas y a las instituciones, pero ahora me es difícil encontrar un empleo digno. Verá Usted: tal parece que en este país nadie sabe hacer otra cosa que vender, se solicitan vendedores, agentes de venta, jóvenes para estar en los llamados call center muchas horas y a cambio recibir pocos pesos; y es triste, porque tal parece que no sabemos hacer otra cosas que vender o comprar, muchos incluso venden aquello que es dañino, como drogas y otros venden cosas superfluas y vanas, y en el peor de los casos, hay gente que vende su cuerpo y si pudieran, tal vez también venderían su alma al diablo; también están los que venden malas copias y productos defectuosos. Por mi parte, no me sé vender ni a mí mismo, y tal vez por eso no he escalado posiciones más altas, porque ante todo soy honesto y hablo de mis virtudes pero también de mis defectos, no como otros que nunca dicen que lo que venden tiene serias fallas o que va a durar poco tiempo y después va a dejar de funcionar. En mi juventud estaba acostumbrado a que lo que comprara duraría toda una vida, pero luego sucedió lo peor: las cosas comenzaban a descomponerse y era más caro componerlas que comprar otras nuevas, y así, todo se volvió reemplazable y perecedero, y ahora ha que comprar, y comprar y comprar. Pero bueno, no quiero distraerlo con nostalgias vanas. Le reitero que estoy convencido de que su empresa puede ser mejor si me contratan a mí. En fin, no quiero quitarle más su tiempo que sé que es muy valioso. Sólo espero que no haga lo que muchos han hecho conmigo: dicen que después me llamarán y al final ni siquiera me llaman. Por lo menos espero que ustedes tengan la atención de llamarme si no les interesa mi trabajo. Por lo menos eso espero, un poco de respeto y atención. Muchas gracias.

31 de diciembre de 2013

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