domingo, 9 de marzo de 2014

Cuento: un millón de años


Un millón de años

Por Javier Brown César

Hola soy Lew. Soy el semental del criadero de humanos A38 perteneciente al Sr. Mortimer H. Stoll. Dice el Sr. Stoll que la carne humana es rica en proteínas y que su sabor es dulce. Yo nunca la he probado. A nosotros nos dan a comer una pasta hecha de avena, insectos y nutrientes orgánicos diversos. Mi labor como semental es fecundar a las mujeres, sin embargo, eso no lo hago directamente. Los ayudantes del Sr. Stoll me llevan ante una mujer que esté en su período de fertilidad y que además no esté siendo ordeñada, la desnudan y dejan que retocemos juntos, después me retiran y me pasan a la máquina extractora de semen… no sé por qué los críos que he visto, mucho tiempo después de nacidos, en algo se parecen a mí. No hay otros hombres en mi criadero. A los hombres no mayores de 21 años, que no cumplen con los requisitos para ser sementales se los llevan a las fábricas procesadoras de alimentos. Eso sí, vivo cerca de más de 20 mujeres, aunque a ellas solo las veo de día, a la hora en que somos enviados a trabajar en las máquinas productas de energía; mientras algunas de ellas son ordeñadas, otras lavadas y otras más, alimentadas. A los críos solo los veo cuando tienen edad suficiente para trabajar en las máquinas. Duermo con la oscuridad y me levanto con la luz del sol, me bañan, me alimentan y después me sacan a correr. De regreso trabajo en las máquinas, hasta que nos llevan a comer a todos los sementales, luego volvemos a las máquinas y trabajamos hasta poco antes del anochecer, nos dan de comer y nos llevan a nuestro criadero. Dormimos aislados. Ayer sucedió algo increíble: vi a mi padre. Nunca lo había visto. Es un hombre muy viejo y dicen que está loco. Me contó que los Stoll y todos los seres parecidos a ellos, también son humanos, solo que nos han sometido y nos tienen en criaderos, se alimentan de nuestra carne y de nuestra leche; usan nuestra grasa, nuestra piel, nuestro pelo, nuestros órganos y nuestros dientes. Creo que mi padre está loco. Él vive en la casa de los Stoll, de ahí nunca había salido; sin embargo, lo que me contó lo dijo con tanta seriedad… No sé qué pensar.

Mayo 29 de 1993

2 comentarios:

  1. Una buena manera de concienciar a la gente de lo que hacemos en las granjas a los animales. Todos somos seres vivos que compartimos parte de nuestros genes.

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    1. Al final ese es el obejtivo de este cuento. Se trata de una denuncia y del intento de concientizar sobre lo que somos. Saludos

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